Me levanto de la cama. Me he levantado sin ganas. Esta noche es que no he dormido bien. Me bebe el malestar y me come la apatía. Aún no me he repuesto del mayor proveedor de punciones secas que atan las cuerdas de su guitarra a las manecillas de mi alma.
He venido a decirte que estaba abrazado tan fuerte a la nada porque como os digo, también hoy he tenido una mala noche a cualquier hora. Sé que estoy más delgado y he perdido las ganas. Sangre negra de esta herida brota. Aquí se admiten peticiones que ayuden a los enfermos a reponernos al movimiento de lo de dentro. Se oyen mis tripas soñadoras por no probar bocado desde ayer. Me he salido del camino a caminar. Mi espíritu imperecedero no se recupera de esta adormecida catarsis. Me tiemblan los pies cuando veo que a la vida hay que buscarle otra razón. Pierdo la pista del eje del salón donde vomito mi alma en cada canción sin final, cuya armonía se va y vuelve de la propia composición como ola capaz de nadar en el mar más profundo.
Quizás estos días pregunten por mí. Diles que estoy donde siempre, subido a lo más alto de la locura escuchando de manera enfermiza a Robe y a Sabina con el corazón descascarillado. Diles que no tengo nada que perder porque vengo de la nada. Diles que estoy descolorío y diles también de qué está hecho el amor. Si insisten, diles estoy de viaje espiritual con el Dios de los ratones y que me niego ahora a oír otro sonido de este mundo que no sea al indio que siempre preferí ser.
Sentado en este abismo, y consciente de mi volatilidad, noto que algo me falta hoy para ser porque estoy fuera de lugar hoy en mi mente. No quiero reponerme para ver el odio y la avaricia que sobra. Estoy mejor aquí acurrucado, con un ruido del demonio metido en mi cabeza, en el refugio de los distintos, atrapado en el puto pasado del que no puedo sacar las melodías que me dejan la boca con un sabor como a mierda. Y sueño que sueño con ellas y con las palabras de amor de su garganta. Y con no reponerme nunca. Deseo permanecer aquí, en clara desventaja álmica, como la mayoría absoluta que ha quedado envuelta en una locura estática que, pasados unos días, transitará al desolador cuarto movimiento de la realidad.
Concreté el día y la hora en que decidí aprender a hacerme yo la maleta para investigar con claridad el poder del arte que poseemos cada uno de nosotros en los duros extremos de nuestro pasaje por la vida, y de qué manera convivir con ellos llanamente cuando estuviera todo a oscuras. Por lo que llamé a la vida. A cobro revertido, claro está. Y le canté una cancioncita conmovedora de las suyas. De esas que tenían propiedades demoledoras. Y todo quedó solucionado.
Quiero quedarme aquí para siempre, en este barro añejo. ¿Qué añoras y en qué piensas cuando lloras? Le pregunté, pero mi alma no contestó. Siempre en estado de espera… ¡Qué gustos más raros tienen las almas!, pensé. Ellas siempre quieren lo que quieren querer y la mía en concreto quiso lo prohibido, que no es sino atrincherarme en el mundo de las palabras, de la mano de Pérez Galdós y los versos de Machado, bañados en acordes relucientes de mierda y golfas mentiras de sangre de aquellos semidioses que no se acostaban ni un solo día sin haber sido malvados al menos cien veces.
Ejemplo de nadie por encontrar el indicio de su propio paradero. Inspiración de todos los que sueñan con empezar una noche sin luna. De aquellos que viven mirando una estrella y que saben que no son los dueños de sus más hondos sentires, ni sus emociones más enjuagadoras. Esos confusos que creímos ser los reyes de la baraja sobresaliendo por encima del bien y del mal ¿Cuánto más necesitamos para ser Dios? No era otra cosa que la protección frente a un mundo inundado de sandeces por todos lados.
Aunque no tengamos la culpa de que se secaran las flores en sus rincones, insisto en nuestra negativa. Del tiempo perdido no queremos reponernos ni arrancarnos los suspiros envenenados y acompasados porque son éstos los que armonizan los violines que nos atraviesan como estacas y causan una leve ruptura en el gigante, que a ojos del caballero andante, todos llevamos dentro. Y empujado por un sonido del roto cd rom por los pasillos del instituto, nos hace querer compartir con los demás esa ley innata que lleva implícita la esencia humana de deshacernos de lo que nos inculcaron de pequeños, no juzgando solo por sus errores a los adultos pero sí instándole a que se vayan todos a tomar por culo.
Aquí me quedo, intentando robar el fuego del olimpo. Ya viene lo de fuera con el rollo de siempre. Pero sigo sentado en esta silla, perdiendo el argumento primario y dispuesto a volver a mis adicciones si fuera necesario. Y me oigo reventar por querer llegar al secreto del choque de lo imparable con lo inamovible y la fórmula mágica del amor. Unas flores amarillas me dijeron que el amor está hecho de viento pero aunque no sé en qué parte de esta historia encaja esto, yo ya no me dejo engañar. Yo ya he estado en el infierno. Cuando volví de allí todo se recolocó y se hizo la luz cuando una mariposa batió sus alas. Decía que no comprendía la vida estando sola. Así llegué a la terrible conclusión de que el amor no estaba hecho de viento sino de puro viento.
Ahora estoy mejor. Hay una foto en la pared. Por aquí no pasa el tiempo. Noto en el aire un suspiro que me dice que estoy muy bien y que no luche por ser un importante abogado, ni haga caso al juez mental que empiece ya a sentirse mejor por comenzar a dejar la puerta abierta. Estoy así de bien y mataría yo, mataría por volver a ese instante donde jugarme la vida en causas perdidas.
Esta será una más de tus historias que borrarás de tu lista. Ya no habrá más canciones suyas que nos salven de una vida inerte y eso es una dulce introducción a la desgracia. Cuando llegue la próxima primavera, desbocada como siempre, se encenderá de nuevo un puto rayo que no cesará. No te molestará el sol ni la brisa pasajera de este aire recién batido y seguirás buscando tu destino, sacudiendo el alma y viviendo en diferido.
Pero no cantes victoria. Tras el adiós del cielo azul, llegará la tormenta de tener demasiada droga solo para ti. Con la siempre renovada, sanadora y desgarradora voz del poeta infinito que, afligido por el mundo, nos engañó, se nos pondrán rojas las orejas, pues lo que sentimos todos los que quisimos crear o componer algo en esta dimensión terrenal que él bordó con fango de veinticuatro quilates, fue absoluta vergüenza.
Me gustaría marchar por la puerta de atrás al igual que un superhéroe. A caminar hasta que salga el sol, a perder el gobierno de mis propios actos y a salvar el mundo fruto de esta alegre sobredosis que me da al tenerte justo enfrente. Volveré a sus acordes siempre cuando haya nuevos nudos que desatar. Es decir, ahora, ahora, ahora.
Si la espera se hace eterna enseñaré mis mejores dientes. Con regadera en mano, diré que se marchó y no hubo despedida. Y desolado, me hallaré de nuevo, en esa calle sin salida donde queda un sitio al fondo. Ojalá empezara de cero y poderle decir que he pasado la vida con la esperanza de que la hierba vuelva a brotar justo ahí, donde ahora todo es campo ya.
Solo un cambio de percepción en las canciones de siempre bastará para sanarme. Y sobrecogerme. Y los nuevos pesares serán recogidos con el pico anaranjado del disfraz de pájaro negro con el que ahora se ha fundido, sí con su propia piel. Descamisado, va cogiendo carrerilla para emprender el vuelo hacia la rama que no se agitó. Y con su canto estremecedor, otra vez a la montaña, la hará retumbar de amor.