Viejos fantasmas

La espectacular eliminatoria que nos han brindado dos grandes de europa ha propiciado un estruendo al otro lado del condado como hacía años no se veía. Y es que en el último lustro y medio cada caída era ya tan previsible como irrisoria tanto por propios como por ajenos.

Esta vez ha sonado violento. Demasiado. Tanto como el miedo que tras ello había, que queda pospuesto.

Los viejos fantasmas han vuelto por primavera para sobrevolar los hipocampos y para activar el modo supervivencia a una legión que empezaba ya a no soportar como un juvenil imberbe brilla por encima de cualquier estadio hipermodernista.

Y es que un puto niño ha puesto él solo patas arriba a un club entero, poniendo en jaque a europa, agitando con desparpajo y atrevimiento a una ciudad decaída y empequeñecida tras la marcha de la gigantesca sombra del fantasma pasado, que por fin ha cambiado el festejo de las desgracias ajenas por los propósitos suyos propio.

Otra vez desde dentro. Otra vez un puñado de chiquillos de la casa. Otra vez con un entrenador de verdad. Otra vez pesadillas. Otra vez haciendo ganchillo. Otra vez una zurda ondeando la bandera. Otra vez gratis. Otra vez hambrientos. Por eso hay tanto ruido y tanto miedo. Porque ya están aquí. Y han llegado con el suave aleteo de esta mariposa recién nacida cuyas alas apenas se desplegaron para euforia de algunos, para irritación de muchos más y para expectación de los que apreciamos el juego como un arte neutro.

El juego es y será de los jugadores. Y aunque todo se ha desteñido con tanto control, tanto estudio, tanto análisis y tanto dato, siempre nace alguien con capacidad de derribar todas las teorías, la autosuficiencia para resucitar entidades muertas y la gracia divina de cerrar bocas, al menos la mía, con aquello de «paciencia y tiempo para los jóvenes», pues lo de este muchacho es ya incontenible.

Habrá jaque mate.

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