Bienvenidos a los JJSS

El actual Napoleón puso fin a siglos de tradición olímpica con una inauguración bochornosa, depravada, vomitiva y digna de que todos y cada uno de los participantes en ella ardieran sobre las aguas del Sena.

Pasó la perversión del viernes noche así como la comida moderna baja por la tráquea de un hombre del Renacimiento sin sorprender ya los que deciden no manchar su reputación por el putrefacto telón de bronce existente entre el periodismo, la plata que se embolsa Alejandro Blanco al frente de la Corrupción Olímpica Internacional (COI) o el diente de oro que porta la ministra en deportes Pilar Alergia.

Comenzaron los Juegos Sádicos. Cuatro años esperando para plasmar el sueño de la masonería: romper las civilizaciones a través de ideales, destruyendo así la identidad del ser humano, la familia y las patrias. Acelerando un plan Kalergi llevado al extremo en el país organizador y ¡cómo no! Erradicar el cristianismo para poner por fin la guinda al pastel; la desaparición de occidente.

Más allá de las cabezas cortadas, del LGTBI, del aborto y de la adoración del demonio que llevan a cabo en sus cada vez menos discretos rituales satánicos, los Juegos Sádicos no es sino un paso más en la agenda 2030, cuyos pies cada vez disponen de menos plomo y ya retumban desde que precisamente una olimpiada atrás el mundo mostró su casi completa sumisión vírica. Pero no hay que preocuparse, es así como actúa el mal. Nadie es culpable de ser idiota.

El mundo para ellos es muy sencillo: todos son  esclavos. Saben que eso crea necesidad de distracción de vez en cuando que va aumentando más y más. Ahí es cuando nace el idiota, que vaga por el mundo a merced del viento. A merced de una pelota, de una raqueta, del agua o la velocidad. Siendo tan sencillo nuestro funcionamiento, utilizan ahora el mayor evento deportivo del mundo tal y como lo utilizó Rómulo para secuestrar sabinas engañando al pueblo Sabino y así establecer definitivamente Roma allá por el siglo VIII a.c.

He tenido que tragar lo acontecido para describir lo que tal esperpento desató en mi. Y hoy no he tenido otra opción que escribir unas comedidas líneas, ir a misa de domingo, leer un libro de amor y respeto por las distintas culturas, dejar una áspera y libre reflexión y esperar a que llegue la hora de comer. Carne, ¡por supuesto, toda la que pueda! no vaya a ser que pronto estas pequeñas satisfacciones pasen a ser cuentos mitológicos.

«Por mucho que corran. Por mucho que salten. Por mucho que naden. Por mucho peso que levanten. Por muy flexibles que sean.  Los hombres de acción siempre serán movidos por hombres de pensamiento.»

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