Tal y como un vendedor ambulante se va deshaciendo de objetos por el antojo de los hijos llorones de los turistas, así vamos perdiendo cosas. Buscamos en el fondo del baúl del hipocampo algo que añorar y, a merced del niño y su extraño apego de seguir interpretando pérdidas absurdas y superfluas como si de funerales se tratase, nos acabamos por atrincherar.
Pero el niño es un buen niño, y no cede, pues sigue subiendo a casa embarrado para merendar una rosquilla de anís, colocar los cromos de la Eurocopa y tachar por vez 4968 en la pared los días que han pasado desde un fenómeno de palas separadas se marchó para seguir jugando a no echar a nada ni a nadie de menos en el día 1839 d. XH.
Hoy madrugó el adulto y trasnochó el niño. Al niño le coló tanta jarana, bullicio y felicidad por las aceras. El adulto supo que era mentira porque al bajar en el ascensor comprobó que el blanco de los ojos del vecino era hoy un poco más oscuro. Resaca o nostalgia alemana fueron sus dudas.
Al encontrarse niño y adulto en el portal de casa pactaron seguir haciendo cruces. Uno a unas cosas y otro a otras. El adulto le contó al niño que ayer 1 de junio, Nuestra Señora de la Luz, por ser su día, volvió a hacer un nuevo milagro.
¿Cual ha sido el milagro esta vez? Preguntó el niño. Hemos perdido vida pero nos han regalado tiempo. Ayer fue día 1 y hoy otra vez está siendo día 1. Día uno después de Toni Kroos. Contestó el adulto, con las mentiras astutas de siempre.