En el año 335 a.c. Alejandro Magno desembarcó para enfrentar al ejército fenicio. Pero había un serio problema. El ejército fenicio los multiplicaba por cinco en efectivos.
El ejército estaba dispuesto a morir por Alejandro pero esta vez les pareció una misión imposible ya que sería una carnicería inútil.
Al desembarcar, Alejandro hizo quemar todas sus naves para que sus soldados no pudieran huir quedando por los suelos sus ánimos.
‘Observen como se queman los barcos. Ya no podemos regresar a casa. No hay forma. No hay vuelta atrás. Creed en los dioses: Vamos a regresar a casa comandando los barcos de nuestros enemigos’. dijo Alejandro. Lo que pasó después ya forma parte de la historia al igual que lo que ocurrió anoche en el Etihad.
No importa si eres seguidor del Real Madrid, del Betis o del Besiktas turco. El diecisiete de abril de 2024 debe quedar en la retina del espectador por tres cosas: El roce de la perfección que un equipo puede alcanzar jugando al fútbol. El nuevo milagro blanco. Y el primer partido donde ganan los dos equipos.
El nivel mostrado ayer por el Manchester City supera con creces el nivel de sus últimas versiones. Una exhibición futbolística de una envergadura tal donde todos los recursos y mecanismos al alcance de un equipo de fútbol fueron manejados magistralmente dejando sin pisar el área durante 109 minutos al equipo más glorioso de todos los tiempos. La segunda parte de ayer fue quizás la más maravillosa que mis ojos recuerdan, siendo superiores en absolutamente todos los aspectos que contiene el juego.
Presionó tras pérdida hasta el utillero. Los ajustes defensivos fueron perfeccionados en relación a otras ocasiones concediendo unicamente un centro sin destino de Valverde. Cambió la posición de Foden y Bernardo cuando tocaba. Salió Doku cuando tocaba. Acertó con Akanji en lugar de Stones por la velocidad del primero en retomar su posición origen en transición defensiva. La circulación de balón no pudo ser mejor ante un bloque tan hundido. Aceleraban cuando tocaba. Daban pausa cuando lo requería la situación. Parecían adultos contra niños. Sin apenas espacio entre líneas, fueron dañinos también ahí. Atrayendo y dividiendo como nadie para liberar compañeros. Encontraron la espalda de los laterales siendo muy profundos en los costados. Lo intentaron de media distancia, cargaron el área con 7-8 jugadores, acosaron con centros perniciosos a la espalda de centrales y laterales alejados. Crearon peligro en balón parado, incluso en dos ocasiones cazaron al contrataque al rey del contraataque. Dieron una exhibición de atacar bloques bajos. Y demostraron que los mejores a veces pierden sobre todo cuando se enfrentan al Real Madrid, al que no se le agota nunca la hoja blanca de sus milagros.
Ni el hincha más fanático podía ser optimista en el minuto 60 de partido porque la demostración de superioridad en lo físico, en el juego y en los mecanismos fue tan aplastante que hasta los forofos de otros equipos que hemos presenciado tantos hazañas heroicas del Madrid, hubiéramos pagado por saber cómo cojones podría ganar el Real Madrid en la noche de ayer ante el arrinconamiento magno que estaba presenciando el mundo. El Madrid podía ganar porque es el Madrid, pero ¿¡cómo coño iba a poder ganar hoy!? No había forma humana de salir de este laberinto que le tuvo arrodillado dos horas, pues en 122 años de historia dudo seriamente que se haya declarado públicamente inferior a su rival renunciando incluso a su única arma que suele ser la daga escondida que cuando le masacras te clava sin piedad al espacio. Pero tampoco.
Anoche once humanos sometieron a once humanos mental y físicamente aglutinando en el área al equipo más exitoso de siempre, empujándolos hacia al abismo donde normalmente son los sometidos los que se acaban tirando de cabeza por colapso.
Cruyff no creía en la suerte y Guardiola parece ser que tampoco. Quizás sean afortunados en pensar así pero puede que se equivoquen en el término utilizado, usando ‘suerte’ en lugar de ‘mística’. En todos los aspectos de la vida hay sucesos sin explicación, donde en determinados momentos claves las energías ocultas embisten con más fuerza sobre las fuerzas visibles.
Cuando el Madrid gana así daña profundamente a los entrenadores científicos y matemáticos que tratan de buscar razones en todo porque como decía Bielsa, es negativo enseñar a los jóvenes a encontrar atajos que normalmente no dan fruto. Pero los hombres de fe agradecemos este tipo de milagros, porque sabemos que hay razones misteriosas a espaldas de las estrellas, pareciéndoles esto irrisorio a los ciegos de espíritu por su incapacidad de concebirlo.
Son los mejores porque tienen los jugadores que quieren tener. Sí. Pero en gran medida porque disponen del entrenador de fútbol más lúcido de cuantos entrenadores nazcan en los siglos venideros. Los mejores a veces ganan, y a veces no. Y anoche ganaron los dos. El City ganó viendo a su esclavo arrodillado. Pero el esclavo consiguió liberarse no porque su amo fuera benevolente sino porque la fe nuevamente pudo al dato.
El Madrid no ganó por suerte, sino por mística. Una demostración más para todos aquellos enfermizos matemáticos y amantes de la razón de que hay energías ocultas que envuelven todos los aspectos del universo.
Y por desgracia para ellos, estas energías siempre son blancas.