El aprendiz de pintor

Quizás su autenticidad, su preparación, su capacidad de gestión, su don de palabra, su estatura, su tono de voz, sus ojeras de ir de empalmada al trabajo o simplemente su estructura cerebral, pero como diría Bob Dylan ‘algo está ocurriendo y nadie sabe lo que es’.

Hasta los más ciegos pueden ver la ausencia de algo esencial en su figura lo que evidencia por enésima vez que ser un fenómeno jugando no te hace buen gestor por decreto, máxime viviendo en la queja perpetua.

Siendo Cruyff el Picasso y Guardiola el Dalí, nadie duda que el segundo hubiera sido el mismo genio sin la influencia del primero, pues la genialidad, el entusiasmo, la capacidad de embriagar y embelesar a los suyos, la personalidad apabullante y la brillantez no son cosas que puedan contagiarse por haber mamado así como así.

El aprendiz de pintor, que ha chupado de dos finos pinceles y que como jugador era la pintura perfecta de los mismos ángeles, es un joven acuarelista de brocha gorda, que ahora dibuja olvido y dolor en los que aún tienen aquellas majestuosas obras en su memoria.

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