El domingo es el día de la semana donde todos vagabundeamos emocionalmente en busca de trincheras donde pese menos la vida. Algunos encuentran sobremesas eternas, otros mujeres, cine, palomitas, Instagram y paseos. Otros, en cambio, nos conformábamos con una simple y nómada radio a pilas.
El hecho de prenderla tras la comida familiar resultaba excitante puesto que aunque pareciese que querías escuchar fútbol lo que te interesaba de verdad era otra cosa.
En otras ocasiones ibas en el coche de viaje y decías ‘es solo para saber qué ha hecho el Depor. Cuando lo diga, ponemos música mamá’. Pero ya no había vuelta atrás hasta que él recitaba su despedida habitual y finalmente sonaba el ‘Somewhere over the rainbow’.
Mi mayor y más sana adicción. Ese hogar donde acuden los incomprendidos para compartir una sonrisa con alguien del otro lado del charco o con un reportero mismo. Nunca te has sentido tan dentro de una familia que no fuera la tuya. Una conexión especial entre oyentes, mensajes, colaboradores, familiares, bromas, anuncios de encimeras y cortacésped. Esa nostalgia de no existir ninguna pena mientras sonaba su atrapadora voz.
Escuchar primero Carrusel y luego Tiempo de Juego trasciende de los futbolístico, de lo deportivo y del entretenimiento. Su voz nunca se apagó porque se ha grabado con tinta gallega en nuestras entrañas y extraña la sensación de haberle conocido debido a que su inolvidable timbre ha llenado todas las habitaciones de casa cuando el transistor dominaba con puño de acero el fútbol seguido de lejos por el viejo teletexto.
Su grandeza era ser un disfrutón y eso, junto a tomarse la vida como la broma que es contagiaba las almas de los oyentes.
Se ha ido el número 1 de la comunicación de este país y no se ha ido con la mochila de ser un grande años atrás, no. Se ha ido siendo el mejor, se ha ido como debía de irse, con las botas puestas y con esa forma de amar la vida bajo excusa del micro.
Se ha ido quien arreglaba vidas con la voz y nos queda la incertidumbre de ¿Como será ahora el mundo sin su voz, sin esa luz dominical? ¿Como será el mundo sin mantas suficientes para combatir las frías y oscuras tardes de Domingo?