Anestesia universal

El problema no es el resultado. Tampoco privar de poner los pies en tierra enemiga. El verdadero problema es querer hacer sentir la cabeza gacha y en caso de querer levantarla se atisbe el territorio ajeno a cientos de millas. Hundir tanto tanto (la cabeza, la altura y la moral) como para distorsionar el futuro inmediato y que cualquier conato de conquista fuera a parecer una heroicidad.

Fingir, hacer creer, que la ilusoria comodidad que crees haber elegido parezca incluso agradable para no desatrincherarse.

Y así, paulatinamente, ir sintiendo como entra la anestesia que produce la inanición de balón hasta acabar por aturdir al pobre animal.

El equipo más exitoso de todos volverá a conquistarlo todo de una forma u otra. Solo es cuestión de tiempo. Y esto es irremediable como también será irremediable verlo, admirarlo y felicitarlo.

Hasta entonces sería bueno cuestionarnos el gozo de sentir una victoria tan hermosa más allá que un triunfo. Todos, en cierta parte y en algún pequeño instante, hemos querido pertenecer del lado de la belleza, viniera de las manos de Picasso, de los pies de Valerón o de la cabeza de Mihail Tal. Quizás nos haga pensar un poco en todo, en nuestra forma de ver nuestra pasión o de nuestro día a día.

¿Acaso nos hará ver que el éxito es propio, cortoplacista, mentiroso, astuto, codicioso, pasajero, y la belleza en cambio es de todos, honesta, universal, transparente, conforme, paciente…?

Quizás nos haga reflexionar que al tenerla lejos y seguir sintiendo pavor de aproximarnos, nos ubicamos en un terreno remoto donde la única vía es simular alegría por las fronteras que nos pone el incontestable éxito.

Esto nunca ocurrirá con la belleza. Ella es la expresión estética del amor y jamás se dará ese vergonzoso honor.

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