El fútbol es muy fácil porque todos somos muy sabios. Somos auténticos maestros. Somos grandes entendidos o, como diría el gran chirigotero Selu García Cossío, somos unos ‘enteraillos’.
Sí el fútbol fuera tan fácil como ver el partido desde casa, teledirigirlo, quitando y poniendo lo que nosotros, que manejamos menos del 0,1% de información que gestiona un cuerpo técnico, creemos oportuno, siempre saldríamos victoriosos.
Qué fácil es el fútbol sabiendo tanto!!
Decía Cruyff: «Si rezar sirviera de algo a los 22 jugadores que lo hacen, los partidos siempre acabarían 0-0». Si el fútbol fuera tan fácil como lo vemos los enteraillos, 21 mundiales llevaríamos.
Somos incapaces de cambiar nuestro propio equipo, nuestra propia vida, nuestros propios hábitos, pero nos encanta fantasear sobre qué y cómo se deben hacer las cosas ajenas.
No hemos cogido un libro en la vida, no hemos entrenado ni a un equipo de barrio pero eso sí, con nosotros la Selección sería coser y cantar.
Los seguidores entendemos mucho desde el sofá con cerveza en mano.
A la gran mayoría de jugadores no les gusta el fútbol, solo ejecutarlo.
Los entrenadores podemos diseñar, explicar y argumentar 763 tácticas distintas que hubiesen funcionado bien contra Marruecos, tras acabar la tanda eso sí, pero tenemos a nuestro equipo en media tabla en una liga mundana y nuestro plan de partido es «balones arriba y que suene la flauta».
Y una gran cantidad de periodistas deportivos son buitres confiando plenamente que llegará el momento en que el animal moribundo caiga definitivamente. Y ahí entran ellos. Y se ensañan. He ahí su sustento alimenticio y emocional.
Somos expertos en todo pero no somos capaces de cambiar nada. Todos sabemos cómo vivir bien pero nadie lo aplica. Todos sabemos cómo ganar pero todos perdemos partidos.
No toda acción necesita una reacción. Se puede disfrutar del fútbol sin juzgar al entrenador por cada decisión. Se puede disfrutar del fútbol sin juzgar al jugador por cada acción. Se puede disfrutar del fútbol sin juzgar al equipo por cada mal partido, por cada derrota, por cada eliminación y se puede disfrutar del fútbol sin juzgar al árbitro por cada determinación, entendiendo que todo ello forma parte del juego. Porque aunque nuestra ceguera no nos permita ver el paisaje, sigue siendo un juego.
Pero nosotros, los enteraillos, con nuestros profundos análisis de barra de bar y nuestra sabiduría digna del mismísimo Séneca en «Cartas a Lucilio» tratamos de demostrar que nuestro argumento es el definitivo sentenciando todo lo que huele a derrota. En profundidad no nos interesa mucho el fútbol, nos interesa más querer llevar razón demostrando nuestra sapiencia ante nuestros iguales.
El único fallo grosero que ha cometido la selección fue el de aplastar a Costa Rica 7-0 ya que España tiene lo que tiene. Lejos de ser la selección de antaño de la que llevamos viviendo 12 años, no hay jugadores diferenciales en ninguna línea ni jugadores con peso real en sus equipos. Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran.
Desde mi particular punto de vista, no sé si España fue o no merecedora de pasar de octavos puesto que no sé si Marruecos estuvo lo suficientemente cómoda los 120 minutos.
Si de algo trata el fútbol es de incomodar, o no, al rival de una forma u otra. Desconozco si la lista es la ideal, si la alineación fue mejorable o no. No sé si debió quitar a Gavi o sacar a Sarabia antes. Estoy algo seguro, pero no del todo, que esto tendrá un impacto en la próxima década. No sé nada. Sin embargo, es posible que los 47 millones de enteraillos duerman cada noche de ‘fracaso’ a pata suelta. Los entrenadores cuando su equipo pierde no. Un respeto ante todo para hombres que intentan aportar una pequeña luz tras años de tanta apatía y oscuridad.
Él se irá y aquí quedarán estas Cartas a Lucho para dejar constancia que el círculo no se cierra con los pasos andados si no con las huellas dejadas, que no han sido pocas.